30 agosto 2014

Mi Relato Gay [parte 2]

Originalmente se escribió el 29 de octubre del 2013:
Léase parte 1 / in English
Léase parte 2 / in English
Léase parte 3 / in English
Léase parte 4 / in English
Léase parte 5 / in English
Léase parte 6 / in English

Ya hace mucho tiempo que me identifico con Abraham. Él subió el Monte Moriah y se preparó para dar su sacrificio al Señor, pues lo amó. También yo. Pero el Señor le aceptó el sacrificio a Abraham inmediatamente. Y yo le he esperado tanto tiempo la aceptación de mi sacrificio.
Abraham da su mejor ofrenda


Una y otra vez coloqué mi mejor ofrenda sobre el altar. Cada vez, me hinqué y me esperé. No me respondió el Señor. Con ansiedad yo quité la ofrenda y puse otra. De seguro ésta era la que me esperaba el Señor, ¿verdad? Otra vez me hinqué y me esperé. Nada. Otra ofrenda, entonces. Magnificar mis llamamientos: no. Hacer mi parte para que funcione mi familia de padrastro, de hermanastros, y de medios hermanos: no. Servir una misión de tiempo completo: no. Pagar un diezmo completo, prestar servicio, amar, tener caridad hacía todos, estudiar las escrituras, tener fe, ayunar, y más: no. Todas estas ofrendas son buenísimas para dar al Señor, mas no eran la que el Señor me requirió para la prueba de Abraham. Me puse a pensar. Es bien difícil poner sobre el altar algo que dices que no tienes. Especialmente cuando tú sabes que tal vez lo tienes, y el Señor sí lo sabe. Entonces esto era mi reto personal: reconocer y conceder lo que el Señor requiere de mí.

Jamás he tenido pensamientos suicidas, pero sí comprendo cómo alguien gay pudiera tenerlos, y no juzgo a los que se han suicidado. Jamás he pensado que no soy suficiente, que no puedo hacer lo que mande el Señor, pero otros sí lo han pensado. Yo, como todos, tengo pecados y he cometido errores, pero para eso es el arrepentimiento.

En el Libro de Mormón, la portada explica el propósito del libro: convencernos de que no somos echados por siempre ya que Cristo hizo la expiación. Yo opino que el propósito de toda escritura es persuadirnos de que no somos echados por siempre a causa del amor de Dios. Si lo creemos, nos arrepentiremos y nos acercaremos a Cristo.

Recientemente, mis pensamientos han sido así: Ya te has arrepentido, entonces no hagas nada que te ensucie. Le decía a Dios: Dios, si te parece bien, llévame porque estoy limpio y arrepentido, y no quiero equivocarme de nuevo.

Una amiga de mi amiga me escribió un mensaje, y me impactó muchísimo. Escribió:
Querido Hermano, tu amiga me contó tu relato. No me dijo tu nombre ni nada en específico, solamente que tú sabes que eres gay y qué tan difícil pueda ser el ser gay en la iglesia. Sentí que debo mandarte este mensaje. Seguramente tienes mucha gente maravillosa en tu vida y un mensaje de un extranjero no pueda significar mucho, pero quería yo ser otra voz de apoyo. Quiero decirte que te amo. Y se que nuestro Padre Celestial te ama completamente. Él te ama tal como eres. Si tu fueras la única persona que participara de la expiación de Cristo, Él la hubiera hecho de todos modos, solo por ti, porque tú vales. 
En otra ocasión platicaba con otro amigo, y él me dijo: Tú eres un hijito de Dios. El te cuidará.
Un hijito de Dios

Las personas como estos amigos me han ayudado a tener una visión más clara. Ahora entiendo mi propósito y camino, y me han dado apoyo. Yo puedo andar en este camino con el amor de Dios, de amigos y de familia.

Dan Bunker